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Monólogo con Jazz

abril 2, 2008

Ya lo dice Miles: ¿y qué?

Ando, camino, bailo; la sensación fluye en mí.

Vamos, fluye, ¿a qué esperas? Baila conmigo.

Tómate un ron, descansa a mi lado, el humo es acogedor.

Óyelo, se acerca susurrando…

es tu miedo al olvido.

O al recuerdo.

Déjame encenderte el cigarro,

el vendaval de las interrupciones te lo ha apagado.

¿Que qué sentido tiene todo esto?

Je, ¿y qué sentido tiene nada?

Siente la vibración del contrabajo:

déjate llevar, déjame llevarte.

Palabrería, palabrejas, palabrillas:

palabras en compra-venta,

amor ya desgastado:

renueva tu vestuario.

Vuelta al inicio, el leitmotiv que nos domina:

susurro, recuerdo,

ahora todo azul.

Intranquilo, sosegado,

nervioso, calmado.

Suavemente me deslizo en ti;

sin darnos cuenta, te has marchado.

Vamos, baila conmigo,

¿qué tienes que perder?

Un, dos, tres, cuatro:

esa especie de azul nos está esperando.

Un salmo desesperado,

un David desalentado.

Frases cortas destiladas  de él,

el huidizo, el dulce, el amargo,

el azul, el verde, el metálico,

el fraseo, lo imprevisto, la sorpresa.

Tú.

Yo.

El jazz.

Ejecución a cargo de Ignacio M. Hierro R.

And all that jazz

marzo 26, 2008

Brillante. Resplandece con las luces tenues del local casi vacío. En él, yace encerrada la belleza.

Pasos sobre la madera. Tic, tac. Zapatos pequeños para pies de niña. No tengas miedo, que te voy a tratar bien. Tic, tac. Mis dedos son delicados, ¿los ves? No te harán daño.

Chirría la tapa al abrirse, quejido de miedo y pereza.

Demasiado tiempo, ¿verdad? Mira, casi has olvidado lo que eres. Tranquilo… soy una mujer, ¿lo ves? ¿Que qué busco? Busco el placer de tu sonrisa, el arte, el sueño. Despacio…

Nota a nota, va sucediendo, sin prisa, la maravilla.

Tac, tac, tac. Tres por cuatro, eso está mejor. Ahora es más fácil, ¿lo ves? Te vas acostumbrando a mí y a mis dedos. Me pregunto… me pregunto qué guardarás ahí dentro. Es curioso, ¿verdad? Porque sé cómo funcionas. La, mi, la. Cuerdas percutidas. Pedales. Miii…

Se pierde el sonido en la noche.

No has dado lo mejor de ti. Y yo tampoco, lo sé. ¿Preparado? Pues…

Ella respira hondo y el cuerpo se tensa.

Vamos allá.

No es algo que se pueda escribir en un pentagrama. Fluye solo.

Suéltate, ¡que ya no te domino!

Corren los dedos, golpean, caminan, se enfadan. Acarician. Música improvisada. Como el amor. Música de jazz. Mmmm.

Acorde final, cabello que se agita. Y calma tras la tormenta.

  

Nos volveremos a ver. Me gustas. Un guiño.

Los pasos se alejan, tic, tac, en la noche tranquila. Las luces se apagan y a lo lejos, maúlla un gato.

   

… Y todo ese jazz.

Por Rosalía R.