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Otros detrás de mí

agosto 13, 2008

Ya no sé qué me llevó a escribir esto.

Imagino que el sucio poeta,

amargo poeta,

triste poeta;

poeta de la calle,

de la cerveza,

de las mujeres,

de la  lluvia sobre sus amados y odiados Los Ángeles.

Aquí estoy,

escribiendo sobre harina

(castillos de arena, nunca supe hacer)

que acabará fagocitada

por algún bobo,

o algún cualquiera.

Con suerte por algún don nadie

a quien le caliente un estómago suplicante de calor.

Cambio de hoja y recuerdo.

A veces, en las noches, cuando nadie me ve

(nadie me ve porque en realidad no lo hago)

me acuesto sobre la oscuridad

y me entra vértigo al toparme

con la certeza de que nunca seré un Rimbaud,

o un Wilde,

o un Blake,

o un Einstein;

tampoco un Feynman,

ni un Borges.

Me consuelo pensando

que Hesse no fue su Goethe,

ni Goethe fue su Homero,

y Homero tal vez ni fue.

¡A quién intento engañar!

No me consuela en absoluto,

pero me dije:

“escríbelo, parecerás un poeta”.

Y qué más da, al fin y al cabo,

ser que no ser.

La muerte de Ofelia pudo ser suicido,

o no serlo,

pero terminó flotando entre flores igualmente.

(Disculpen, intenté hacer la inevitable referencia hamletiana

lo menos burda posiblle).

Mis manos están ya limpias,

pero aún conservan el aroma a atún,

a cebolla,

a pimiento

y a jamón.

En pluma de algún maldito simbolista

(maldito no por odio,

sino por denominación)

tal vez sería esa una sugestiva imagen

producida por el opio.

Mas no se trata más que de uno precedido

de tantos y tan mejores

que no merece la pena ni mencionarlo.

Bellos versos que poblaban mi mente hace unos instantes

yacen ahora en paradero desconocido.

“Donde habita el olvido”,

como dijo el sevillano

y parafraseó el hijo putativo

de la ciudad del rey tercero.

Actúa el dios de la ironía

y recorro calles que conozco

mejor que la palma de su mano.

¡Para qué conocer mi mano,

cuando sus caricias

son las únicas que necesito!

Est sularis oth mithas

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Respuesta a Walt

junio 10, 2008

Las hojas de esta hierba en que reposo
Me susurran que todo es bello,
Que he de amar tanto al gorrión
Que trina por encima de las copas
Como al desconocido que junto a mí pasa.
Pero las nubes juguetean alegremente,
Y no hay una sola que no sea su cuello,
Sus labios, su sonrisa, su mirada.
Lo siento, hojitas, hermanas mías:
Amo a todo y a todas os amo,
Pero hoy, más que nunca,
La amo a ella como si ella fuera todo.

Ejecutado por Ignacio M. Hierro R.

La respuesta, amigo mío…

mayo 5, 2008

Miedo.
Al olvido.
A la distancia.
¿Caerme?
No me asusta;
El suelo es ya mi compañero.
Pero volar,
Y ver que emigras;
Deber esperarte
Como al cerezo en flor,
Me aterra.
Paradoja,
O paradojas.
La mariposa batió sus alas
Hace ya eones,
Pero hoy el viento nos
Tambalea.
Caminos.
Distancias.
Elegir.
Olvidar.
“Si viajas a la feria del norte
Donde el viento golpea la frontera,
Recuérdame a una que vive ahí;
Ella fue una vez mi verdadero amor.”

Ejecutado por Ignacio M. Hierro R.

Nocturno: Wednesday Morning,3 AM

mayo 4, 2008

Es de noche.
Refugiado bajo ese halo de misterio
Que parece emanar de las noches sin luna,
Me río de lo estúpido que he sido.
Sombrero calado, cigarrillo encendido,
Adopto una postura que camufle
El color amapola de mis mejillas,
La vergüenza, casi ajena, que me inunda.
Tras cada calada, el antaño miedo
(¿Antaño? Apenas unas horas…)
Parece más insulso e infundado,
Como el hipocondríaco después de toser.
No puedo evitar sonreír,
Más bien reírme de mí mismo.
“¡Qué simple he llegado a ser!”,
Me digo mientras recuerdo un viejo blues.
Pero a pesar de las amapolas,
Suspiro de alivio y felicidad.
Las cargas, aunque sean imaginarias, pesan;
Tal vez, ¿quién sabe?, pesan más por ello.
Piso el cigarro, ya colilla, y comienzo a vagar.
Tarareo en otro idioma sin darme mucha cuenta;
Fantaseo con cada verso,
Cada línea hecha realidad, con ella a mi lado,
Oyendo su dulce y suave respirar.
“Sí”, pienso, “todas las amapolas son pocas
Si al final lo último que oigo antes de dormir
Es la risa juguetona del beso robado,
Y un suspiro de esos que dicen:
‘no me creo que esto esté ocurriendo’ ”.

Ejecutado por Ignacio M. Hierro R.

Yo, me, tú, te

mayo 3, 2008

En azul templado a fuego lento,
En recuerdos tostados al sol,
En invierno que se descongela sin esperarlo,
Llegaste.

Sin traje elegante ni corbata a juego,
Sin pensamientos que apuntasen hacia ti,
Sin paloma mensajera que enviarte,
Saludaste.

Con sonrisa de infancia añorada,
Con la voz largamente olvidada,
Con la mirada risueña y juguetona,
Dijiste:

“¿Dónde quedaron las risas del pasado?
¿Dónde estuviste todo este tiempo?
¿Dónde abandonamos las antiguas historias?”
Preguntaste, sí.

Y te miré, sin respuesta, diciendo no sé qué,
Y pasaron las horas, sin mirarlas pasar.
Y pensando en discernir qué pensabas,
Me miraste.

Ahora el viento huele un poquito mejor,
Ahora el sol luce de gala, para ti,
Ahora se me escapa la sonrisa, porque
Sonreíste.

Ejecutado por Ignacio M. Hierro R.

Inesperada nube esperada

abril 27, 2008

Hasta tarde me quedé
Mirando por la ventana.
Recordando viejos tiempos,
Me sorprendió la mañana.
Observándola sin sueño,
Distraído como estaba,
Mis ideas se mezclaron
Con el cielo gris del alba.
Una nube allá a lo lejos
De pronto me fue cercana;
Llevaba en su corazón,
Cual paloma liberada,
El olor de mi niñez,
De risas despreocupadas.
Dijo “¡Hola!” alegremente,
¡Felicidad de ella manaba!,
Sin la nube percatarse
Del triste llanto de mi alma.
Mas las lágrimas perennes,
Ácidas en la alborada,
Iban a desvanecerse:
De alegría ahora lloraba.
Volver a ver a la nube,
Suaves líneas coloradas,
Me recordó que el destino
Siempre tiene preparada
Una sorpresa que darnos
Guardada bajo la manga.

Ejecución a Ignacio M. Hierro R.

Efeméride

abril 20, 2008

¿Pasa el tiempo sobre nosotros,
O pasamos nosotros en el tiempo?
El poeta vuelve la cabeza,
Recuerda el camino andado;
Mas bien lo vislumbra,
Oculto entre las sombras del olvido.
A veces,
Cuando el ocaso juguetea con las nubes,
Y el cálido naranja del cielo hace esperar a la Luna,
Las sombras se hacen más tenues.
El corazón joven se hace viejo;
El maduro, nobel,
Pues los años rasgan el velo de la memoria,
Obligando al alma a sorprenderse
De que lo que parecía ayer
Está en lo más profundo del baúl,
Y lo que apenas recordábamos
Se nos muestra como familiar.
Es en ese momento,
En esa hora mágica en que el cielo
Parece dialogar de tú a tú con el espíritu,
Cuando el tiempo se congela.
Nos invade una sensación de vértigo,
Una sensación de eternidad,
Una sensación indescriptible
Como el olor a verano que susurra la primavera,
Como el terreno que el día le va ganando a la noche,
Como esa melodía eternamente repetida
Que nos dice algo nuevo cada vez.

Entonces, al igual que un invitado inesperado,
Llega el amanecer,
Y me recuerda lo poco que importa todo
Si lo único que importa se me es negado.

Ejecutado por Ignacio M. Hierro R.

To a withering love (The rose)

abril 14, 2008

I’m expected to be praising thee,

Alas! Thy death I shall not mourn,

For thy black heart I can now see,

For thy leave has turned into thorn.

‘Till today I couldn’t perceive

But the cheerful colours of thou;

Yet tonight I do feel relieve

As I see thee wither in woe.

Ejecución a cargo de Ignacio M. Hierro R.

A un camino por recorrer

abril 13, 2008

Susurros de nueva vida lleva el viento,

Almizcle aderezado con canela.

Dos senderos en este nuevo intento;

De esperanza me pintaré la suela,

No sea que el sueño crea que le miento

Y su llama se apague, tierna vela.

Hasta ayer creí saber distinguirlos;

Hoy se mezclan, como en el cielo mirlos.

Ejecución a cargo de Ignacio M. Hierro R.

Efateg

abril 10, 2008

Estuve ahí. Me vi ahí.

Tú estabas conmigo,

y los dos bailábamos al ritmo del mar.

Notaba las sombras acechando,

¿era sueño o realidad?

Estaba ahí. Estabas ahí.

Mi mano rozó la gloria:

y la saboreé, y me recordó a la miel.

Miel merecida, miel querida,

miel mía, miel que me huye.

Estaba ahí, estaba llegando,

¡la sombra parecía tan lejana!

El viento nos era propicio;

con elegancia las olas cortábamos.

Entonces llegó la tormenta,

y desperté entre las sábanas sudadas.

Qué más da.

Sensación que oprime

¿quién te invitó a mi pecho?

No eres bienvenida.

Eres culpable de estos versos horribles,

¿quién te invitó al poema?

Mereces el más horrible de los destinos;

a mi mano solo queda concluir

sin concluir lo que

Ejecución a cargo de Ignacio M. Hierro R.