Señora, señorita

abril 26, 2008

Con ese regusto del bajo paladar que deja la vida
en la muerte,
la muerte y la vida se saludan
en una encrucijada sin carteles.
En un contrapunto de vestidos y desnudos,
se descubren, y yo soy muy educado,
como a la vieja usanza,
mientras se reparten el poco pelo
que el craneo deja
tras la muerte con su vida
                            y la vida con su muerte.
La vida hasta los ojos enlutada
de negro sus hábitos, que son temores,
de tan obsesionada,
que vive sin poder vivir en ella,
sin luego vivir en tumba.
-o hacer una o hacer otra.
Vida, menudo sinvivir que no cesa,
hasta que llega por fin aquella
con su anhelo de matojos verdes.
La vida pasa, que no queda,
si no pasa, nunca queda
la memoria de lo vivido y no pasado,
el paso entre las lineas fronterizas,
pausado miedo a la muerte, hasta que
ya la vida en muerte, ese craneo omnipresente
mire por ambas y diga:
-Bienvenidos- abriendo unas puertas grandes grises neutras.

El siempre clásico artesano E.R.

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