Ódiame por ser gata y por ser luna. Por dejar libres todas las palabras excepto cuando realmente se necesitan (ladea la cabeza y calla, sonrisa cínica). Ódiame, porque soy poco fiable y no llevo a buen destino. Voluble, cambiante. Será que aún no es plenilunio.
Ódiame, pero susúrrame en francés y dibújame a tinta un haiku en la piel.
¿Lo ves?
Tecleado por una Luna entre sombras demasiado cansada como para pensar. Aún está en cuarto creciente.
